Deimos

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Siempre he querido conocer a fondo la mitología griega. Nombrar, por ejemplo, a algún dios como arquetipo de tal o cual cosa. Pero me he acercado varias veces a ella y cuando apenas voy entendiendo algo la abandono. Es uno de esos conocimientos que por alguna razón se me resiste, como el ajedrez y la cerámica. 

Me gustaría, por ejemplo, mencionar ahora a Deimos, la personificación de la ira en la mitología griega. Decir que es hijo de Ares y Afrodita, que tiene un hermano gemelo llamado Fobos. Si supiera más de esta mitología inalcanzable podría entender cómo se construyen los arquetipos. Que el hecho de que su padre sea el dios de la guerra, su madre la diosa del amor, y que su hermano gemelo es la personificación del temor y el horror, nos dice mucho de lo que conforma la ira. Un detalle más en el que me detendría, si acaso entendiera algo de todo esto, es que Deimos y Fobos son gemelos idénticos y casi nadie los puede distinguir excepto Harmonía, su hermana. 

Tengo la ilusión de que si entiendo la ira, aunque sea de forma académica sería más fácil esta carga. Porque la ira es una carga, un carbón escandaloso que quema el pecho y el buche —porque hay un buche para la ira—, que está a nada de soltar serpientes y sapos y vómitos ácidos.

Le temo a la ira. Y sé que soy cobarde, que rehúyo a las confrontaciones porque temo los sablazos insensatos de Deimos. Porque sé que no soy hábil manejando la ira y llega un momento en el que se desborda, como una presa que se revienta, y ya no es posible la concordia ni la armonía ni nada. Que todo se vaya a la mierda, qué más da. Le temo a la ira porque además ni el estallido ni la inundación me dan paz, solo me dejan en una isla de arrepentimiento en medio del desastre. 

Es duro enojarse y llegar a la ira. Es duro todo el camino del enojo a la ira: sentir cómo se me va acumulando la desazón, el orgullo, la incomodidad. Removerse en el propio lugar buscando una mejor posición. Bajar la mirada como una medida ineficaz para contener la ira. El enojo se acumula y la mirada se vuelve un láser mortífero. Empuñar las manos, los nudillos se ponen pálidos. Buscar con urgencia a Harmonía que ha desaparecido ante la presencia de sus hermanos gemelos. También cuando duele la boca del estómago, punto naciente de la ira. La garganta incómoda porque contiene con esfuerzo los reclamos; la presión de la presa que, a esas alturas, solo tiene agua sucia.

Hay conocimientos que se nos escapan toda la vida. Habilidades que jamás terminan por asentarse en ese lugar interno en donde se encuentra nuestro ser. A mí se me escapa la mitología, el ajedrez, la cerámica, la teoría musical. Y también soy muy poco hábil para las separaciones, los apegos y confrontar sin sacar la guadaña. Es duro enojarse y llegar a la ira. 

Una respuesta a "Deimos"

  1. Una vez más coincido con algo tuyo, quisiera conocer a fondo la mitología griega.
    Aunque me alegra, debo confesar, ya que el yogurt griego no me apetece en nada, quizás por ello no me adentro lo suficiente a su mitología. Su acidez y textura (hablando del lácteo en cuestión) me aleja -posiblemente- de los arquetipos que mencionas y que también desconozco.

    De la ira, de ella, mejor hablamos luego.

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